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Referencia Ubicación
INFORMACION GENERAL
HISTORIA
CONQUISTA Y COLONIA
Los primitivos pobladores de la actual Santa Fe -tobas, mocovíes, abipones, pilagas, guaycurúes y guaraníes- eran nómadas cazadores y recolectores. En 1527, Sebastián Gaboto remontó el Paraná.
El 9 de junio de dicho año fundó el fuerte de Sancti Spiritus en la confluencia con el Carcarañá. Dos años más tarde, el poblado fue reducido a ruinas por los timbúes y, durante dos décadas, los españoles no lograron establecerse.
La situación cambió recién en 1573, cuando Martín Suárez de Toledo, gobernador de Asunción, confió a Juan de Garay la fundación de una ciudad que facilitara las comunicaciones con España. Tras descender por el Paraná, el 15 de noviembre de 1573, Garay cumplió su cometido: a orillas del río Quiloazas, en las proximidades de la actual Cayastá, fundó el poblado de Santa Fe. Siete años después, sus habitantes se levantaron en armas contra las autoridades. Aunque el movimiento no duró mucho, fue la primera manifestación de autonomía por parte de los criollos.
A la hostilidad de los indios se sumaba el acoso del río. Si bien no alcanzaban a la ciudad, asentada en lo alto de las barrancas, las crecientes inundaban las partes bajas, aislándola por completo. Esta circunstancia anulaba la función que inicialmente había inspirado la fundación de Santa Fe: facilitar las comunicaciones entre Asunción y la metrópoli. Tras setenta años de soportar tan penosa situación, los pobladores tomaron una drástica decisión: abandonar la ciudad y levantar otra en un lugar más apropiado. En 1651 comenzó el éxodo, que culminó diez años después.
El héroe de esta epopeya fue, sin duda. Hernando Arias de Saavedra, designado teniente gobernador de Santa Fe en 1592. Este criollo asunceño ocupó el cargo en seis oportunidades, alternando su ejercicio con temerarias expediciones y otras singulares actividades, como ayudar con sus propias manos a la construcción de la iglesia de La Merced, levantada por los jesuitas, o penalizar el consumo de yerba mate por considerarlo un hábito generador de ocio.
LA INDEPENDENCIA
La noticia de los sucesos de mayo de 1810 llegó a Santa Fe el 5 de junio. El teniente gobernador Prudencio María Gastañaduy celebró el nacimiento del nuevo gobierno y adoptó las disposiciones necesarias para la elección del diputado que habría de representar a Santa Fe en la Junta, cargo que recayó en Francisco Tarragona. La algarabía inicial no duró mucho. El 25 de julio, en un marco de recelos en el que ya despuntaba el espíritu federalista de la provincia, un grupo de vecinos propuso designar a Francisco Antonio Candioti como nuevo gobernador. Las autoridades porteñas prefirieron para el cargo al coronel Manuel Ruiz.
A pesar de estas diferencias, el apoyo de Santa Fe a los ideales revolucionarios no disminuyó. A fines de septiembre de 1810, fuerzas de Coronda y Rosario arribaron a San Nicolás para sumarse a las fuerzas comandadas por Manuel Belgrano, enviado por la Junta a Asunción para obtener el respaldo del Paraguay a la causa patriota. Cabe destacar que Candioti, llamado “el príncipe de los gauchos”, pese a haber sido rechazado por Buenos Aires, aportó a la expedición de Belgrano numerosos pertrechos y hombres. Entre éstos figuraba un mozo que, con los años, se convertiría en el caudillo de Santa Fe: Estanislao López.
El 27 de febrero de 1812, en ocasión de inaugurar la batería Independencia, cerca de Rosario, Belgrano izó sobre la batería Libertad la enseña patria. Un año después, el 3 de febrero de 1813, Santa Fe fue el escenario de otro acontecimiento histórico: el combate de San Lorenzo, librado entre los granaderos a caballo del general San Martín y fuerzas de desembarco españolas.
La Independencia proclamada en 1816, que Santa Fe respaldó unánimemente, no bastó para estrechar las relaciones entre la provincia, liderada por Estanislao López, y Buenos Aires. El 14 de julio de 1818, el caudillo santafesino, llamado “patriarca de la federación”, depuso al gobernador Mariano Vera, asumió el gobierno y respaldó la causa de Artigas en la Banda Oriental. El Directorio porteño ordenó a San Martín abandonar la campaña de los Andes y regresar con su ejército para aplastar a los caudillos. En abril de 1819, ante la negativa del Libertador, Buenos Aires no tuvo más remedio que firmar la paz en San Lorenzo, aunque este acuerdo no fue suficiente. El oriental Artigas, el santafesino López y el entrerriano Francisco Ramírez constituyeron la Liga de los Pueblos Libres. José Rondeau, director supremo, ordenó a Belgrano que bajara a Buenos Aires con el Ejército del Norte. Aunque el creador de la bandera obedeció, una parte de sus tropas se sublevaron; el resto fue diezmado en Arequito por las fuerzas de Juan Bautista Bustos, José María Paz y Alejandro Heredia.
El 1º de febrero de 1820, en Cepeda, tropas santafesinas y entrerrianas volvieron a derrotar a los porteños, provocando la caída del régimen directorial. Poco después, el Tratado del Pilar sentó las bases del sistema federal argentino, aunque no significó el fin de las guerras civiles. Tampoco trajeron la paz el combate de Gamonal, en que López venció a Dorrego, ni la firma del Tratado de Benegas, que estipulaba que Buenos Aires debía pagar a Santa Fe una “indemnización de guerra” consistente en 25.000 cabezas de ganado, a pesar de que un joven estanciero, llamado Juan Manuel de Rosas, se comprometió a cumplir.
La rivalidad entre Buenos Aires y las provincias se generalizó. En 1821, Estanislao López derrotó en Coronda al caudillo entrerriano Ramírez, quien, tras la destrucción del poderío de Artigas, había invadido Santa Fe. Ramírez murió dos meses después en Córdoba. Su cabeza embalsamada y expuesta bajo los arcos del cabildo santafesino. López, aunque sólo gobernador de Santa Fe, se convirtió en amo absoluto del Litoral.
Tras el fusilamiento de Dorrego, López se alió con Rosas, adalid del federalismo en la provincia de Buenos Aires, y derrotó a Lavalle en Puente de Márquez. Faltaba derrotar a los unitarios en Córdoba, donde el general Paz había batido a Quiroga en Oncativo y La Tablada. El 4 de enero de 1831, se firmó el Pacto Federal y López asumió el mando supremo de las tropas que enfrentarían al famoso “general manco”. La casual captura de Paz evitó el enfrentamiento inmediato. Fue Quiroga el encargado de doblegar en Tucumán al resto de sus tropas.
Aunque la derrota unitaria no significó el pleno entendimiento con Buenos Aires, López gobernó su provincia pacíficamente hasta el día de su muerte, que ocurrió el 15 de junio de 1838. Lo que quedaba del unitarismo se alió con los franceses para reanudar la lucha contra Rosas. Santa Fe volvió a ser agitada por nuevos hechos luctuosos. El fusilamiento de Domingo Cullen, sospechoso de pactar con el enemigo, el encumbramiento en el poder de Juan Pablo López, hermano del “patriarca”, y el paso por Santa Fe del derrotado Lavalle, quien autorizó a sus tropas a cometer todo tipo de desmanes, son los acontecimientos principales que sacudieron a Santa Fe entre 1839 y 1840. Posteriormente, Juan Pablo López se alió con el bando contrario a Rosas y se unió a Corrientes, lo que hizo posible que Santa Fe quedase en manos de Pascual Echagüe, aliado incondicional de Rosas.
DESPUÉS DE CASEROS
El enfrentamiento entre los partidarios y los enemigos de Rosas culminó en 1851, cuando el Ejército Grande, liderado por Urquiza, cruzó el río Paraná y pasó de Entre Ríos a Santa Fe. La derrota del Restaurador en Caseros modificó sustancialmente el mapa político del país, pero no cambiaron los sentimientos federales de los santafesinos.
La capital provincial fue la sede de la convención que el 1º de mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional. Fiel a la Confederación, los hombres de Santa Fe combatieron en Cepeda contra la separatista Buenos Aires y, el 17 de septiembre de 1861, integraron las fuerzas que en Pavón, cerca de Rosario, combatieron contra Mitre.
Cuando la Confederación ya tenía la victoria en sus manos, la polémica retirada de Urquiza del campo de batalla transformó a Pavón en un triunfo mitrista. Mitre avanzó hacia la capital de la provincia. A los pocos días, en Cañada de Gómez, mientras estaban acampadas, las fuerzas entrerrianas fueron sorprendidas por una división de caballería comandada por Venancio Flores. No fue un combate limpio: de madrugada, antes de que despuntara el sol, los soldados porteños se infiltraron en el campamento y pasaron a cuchillo a más de 300 santafesinos. Fue lo que se conoce como “la matanza de Cañada de Gómez”.
El ejército de Mitre continuó su avance y, el 26 de diciembre de 1861, entró en la capital. Domingo Crespo fue designado gobernador provisional y, poco después, Patricio Cullen quedó en el cargo con carácter definitivo. El sucesor de éste, Nicasio Oroño, pese a las muchas heridas que se mantenían entreabiertas, imprimió a la provincia un decidido impulso de paz y progreso.
UBICACION Y POBLACION
Santa Fe, cuyo territorio pertenece por completo a la Llanura Platense, limita al norte con la provincia del Chaco; al este, con Corrientes y Entre Ríos; al sur, con Buenos Aires y, al oeste, con Santiago del Estero y Córdoba. La provincia santafesina es mediterránea, pero tiene salida al mar por los ríos Paraná y de la Plata. Por su extensión, es la décima provincia del territorio americano emergido de la República Argentina.
Con 1.703.000 habitantes en 1947, la población aumentó en un millón hasta 1991. Sus 2.798.422 habitantes la convierten en la tercera subunidad política del país, después de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. Un 15,8% de los habitantes reside en el departamento donde se levanta la ciudad capital. El crecimiento demográfico de la provincia es del 12 o/oo y el índice de varones, del 48,8 por ciento.
RELIEVE
Todo el territorio es una extensa llanura inclinada en dirección noroeste-sureste. Se trata de una inmensa llanura de construcción o acumulación. Sus sedimentos, en potentes pilas de varios metros de espesor en determinados sitios, han ido colmando una gran fosa tectónica de hundimiento. Sus pilares laterales están representados por los bloques rocosos del macizo uruguayo-brasileño -el llamado Escudo de Brasilia- por un lado, y por el arco de las Sierras Pampeanas por el otro.
Los mayores niveles se encuentran en el oeste, donde se superan los 133 m (snm). Limítrofe con las provincias de Córdoba y Santiago del Estero, esta franja disminuye en altura a menores latitudes, presentando en Tostado valores de 76 metros.
En el ángulo noroeste se extiende una zona baja, con difícil desagüe, conocida como los bajos submeridionales. Al este, la región ribereña del río Paraná es baja y anegadiza, y las aguas de la creciente suelen cubrirla con frecuencia. Al sur de la ciudad de Santa Fe, en cambio, la costa del río Paraná está formada por altas barrancas, que se continúan hasta el límite con la provincia de Buenos Aires.
HIDROGRAFIA
Todos los ríos y arroyos que cruzan la llanura santafesina terminan en forma directa o indirecta tributando sus aguas al río Paraná. De los ríos que internamente cruzan el territorio, sólo dos tienen su origen en la región montañosa: el Salado y el Carcarañá; el resto se nutre de las precipitaciones caídas en el área de llanura. La mayor cuenca hídrica del interior de la provincia corresponde al Salado.
La cuenca del Paraná cubre más de 2.800.000 Km² y hermana a nuestro país con otros tres: Brasil, Bolivia y Paraguay. Por su caudal, el Paraná presenta posibilidades extraordinarias para su uso como río navegable, riego, aporte de sus aguas para consumo humano y fuerza electromotriz.
El recorrido del río Paraná limita por el este a la provincia, y sus principales afluentes son el Salado, el Carcarañá, formado por los ríos Tercero y Cuarto, y el arroyo del Medio, que señala el límite con la provincia bonaerense.
CLIMA
En sus aspectos climáticos, la provincia de Santa Fe se caracteriza por presentar rasgos transicionales en sus condiciones térmicas y pluviométricas de los climas tropicales a templados. Dos elementos dinámicos son los causantes de los cambios más significativos de sus condiciones meteorológicas: los anticiclones del Atlántico y del Pacífico Sur, a los que se une su situación extratropical y subcontinental.
En el norte de la provincia, el clima es cálido, se registran altas temperaturas durante el verano y los inviernos no son muy rigurosos. Hacia el este, las precipitaciones alcanzan los 800 mm, pero disminuyen hacia el oeste, donde el invierno es más seco. El clima templado impera en el Centro y el sur de la provincia, con veranos más suaves en el norte e inviernos más rigurosos. En esta región, las lluvias varían entre los 700 y los 900 mm anuales.
El avance de las oleadas de aire frío procedentes del sur origina bajas temperaturas que, en algunos casos, descienden más allá del cero grado y generan heladas. Por lo general, éstas se producen en pleno invierno; no son anormales para la región ni ocasionan grandes perjuicios.
El noroeste de la provincia de Santa Fe posee el período libre de heladas más extenso; las mismas características se presentan en las localidades ribereñas al Paraná en su parte central. En extensas zonas situadas al norte perdura el bosque primitivo, poblado de quebracho, guayacán, timbó, algarrobo y palo borracho. En el centro y sur, los pastos naturales han sido reemplazados por los cultivos.
Cabe resaltar la región denominada cuña boscosa. Se encuentra enclavada en la gran llanura santafesina, a manera de columna vertebral, y recorre el centro de la provincia hasta el valle del río Carcarañá. Está recorrida por los cursos fluviales Golondrinas-Calchaquí y la serie de lagunas de este sistema por un lado, y por el río Paraná, por el otro. Gran parte de este sector presenta arcas de difícil de flujo, con una formación boscosa donde a menudo se suceden charcos y pantanos. Estas condiciones se hallan favorecidas por la existencia de sedimentos arcillosos y limo de tipo lacustre.